21 de febrero de 2011

Análisis de un pasaje del libro "El vencedor esta solo" por Paulo Coelho

“Todos los jóvenes tienen el mismo sueño, salvar al mundo. Algunos  lo olvidan rápidamente, convencidos de que hay otras cosas importantes que hacer, como formar una familia, ganar dinero, viajar y aprender una lengua extranjera. Otros sin embargo, deciden que es posible tomar parte en algo que suponga una diferencia en la sociedad y en la manera en que el mundo les será entregado a las generaciones futuras.”

Los jóvenes creemos que tenemos el mundo en nuestras manos y todo lo podemos cambiar si hacemos un poco más de esfuerzo. Pensamos que solo nosotros podemos invertir el mecanismo de todas las cosas y hacerlas perfectas, que podríamos vivir en nuestra propia utopía. Todos sueñan con lo mismo, sin embargo pocos lo logran. Todos  anhelan hacer una diferencia en su país y marcar la historia pero la mayoría se desvía de sus objetivos cuando tropiezan y caen.

Muchos jóvenes cuando llegan a su vida adulta encuentran que esos sueños de juventud han sido olvidados. La pasión y la fuerza con la que querían solucionar todo y tomar la justicia en sus propias manos se ha esfumado. Estos adultos, que alguna vez fueron jóvenes soñadores y entusiastas, se convierten en participantes pasivos de nuestra sociedad.  Aquellos jóvenes soñadores se vuelven uno más del montón (no que esto sea malo), simplemente se tornan en personas conformistas, quienes escuchan y comentan los problemas de nuestro mundo y sociedad, pero no hacen nada al respecto para solucionarlos. Estos adultos descubren que sus intereses cambiaron al crecer y eso hace que no sigan persiguiendo los mismos sueños de juventud con tanto ahincó y se den por vencidos.

Son muy pocos los que tienen la valentía, determinación, rebeldía, ímpetu y fuerza suficiente para cambiar el mundo y lograr cumplir sus sueños, son  esos pocos los que logran hacer una diferencia en nuestra sociedad. A muchos de estos soñadores los han creído locos, dementes, imprudentes, desequilibrados y no los han apoyado. Sin embargo, ellos persiguen sus sueños sin importarles nada ni nadie. Son personas como Galileo Galilei, Augusto C. Sandino y Mahatma Gandhi quienes en su propia sociedad persiguieron un sueño y lograron cambiar su realidad.

Estas personas pueden inclusive morir persiguiendo sus ideales, así como lo hizo Ernesto Guevara (el Che), quien simbolizo los ideales, la igualdad social y libertad para su pueblo y la juventud izquierdista de 1960. El Che Guevara murió combatiendo por sus sueños en Bolivia, donde le puso acción a sus teorías y armas a sus ideas. Tenemos también a Mahatma Gandhi, quien peleaba de una manera pacífica por  las libertades civiles y los derechos políticos de la India, su pueblo natal. Gandhi, como muchos jóvenes, tenía una gran determinación, fe en la humanidad y una fuerte convicción de que la violencia no es la solución. Sin embargo el llego a mayor  y su pasión por hacer de el mundo un lugar mejor solo se hizo más grande. Gandhi fue asesinado por un miembro de un grupo extremista hindú, mientras se dirigía a su acostumbrado rezo de la tarde. Mahatma Gandhi fue una inspiración para su pueblo y llego a ser el cambio que él quería ver en su entorno.

Muchos de los grandes científicos,  pensadores y líderes políticos no vieron los frutos de sus esfuerzos en vida. No obstante ellos no pensaban solo en ellos cuando realizaron sus acciones y dejaron una gran huella que todavía se ve reflejada en nuestros tiempos. 

Es a personas como el Che o Gandhi que les debemos la libertad de nuestros pueblos y a muchos otros como Galileo los avances científicos que muchos pensaron imposibles o creyeron locuras. Todo está en soñar y tener fe en nosotros mismos, ya que si nosotros no confiamos, nadie más lo hará. Hay que tomar el mundo en nuestras manos y no esperar a que alguien más tome la iniciativa si queremos dejar un mundo mejor para las futuras generaciones.


"Quien a los 20 años no sea revolucionario no tiene corazón, y quien a los 40 lo siga siendo, no tiene cabeza"         -Winston Churchill



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